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Hace 15-20 años los compradores de viviendas en la
costa, parecían "disculpar" o pasar por
alto calidades muy inferiores a las
de su residencia habitual, por un lado porque se
pensaba hacer un uso limitado de la vivienda, y por
otro porque el mero hecho de disponer de una
segunda casa ya se percibía como un lujo al alcance
de pocas personas.
Con el paso de los años, y a medida de que las
calidades de la residencia habitual han ido
mejorando, la compra de segunda vivienda se ha ido
popularizando, las comunicaciones son más rápidas y el
tiempo libre de las personas ha aumentado, los
compradores de una vivienda en la costa, tanto
nacionales como extranjeros, se han vuelto mucho más
exigentes hasta el punto de que
las calidades,
prestaciones y equipamiento que esperan de su
vivienda en la costa son equiparables, y en algunos casos
superiores, a los de su residencia habitual.
Siguiendo esta progresión, es de suponer que las
vivienda de nueva construcción dentro de 15 años tendrán
aún mejores calidades y equipamientos que ahora, por
lo que cuanto más moderna sea nuestra vivienda para
entonces, mejor podrá competir con las nuevas y
mayor será su valor a la hora de venderla.
Si lo anterior hacía referencia a las calidades en
general, lo mismo puede decirse si hablamos de las
instalaciones y servicios asociados a la vivienda.
Antiguamente, salvo "lujosas" excepciones, las
viviendas en la costa disfrutaban de jardín y
piscina común, y poco más.
Hoy en día siguen vendiéndose casas con esas
características (las más económicas) pero la
tendencia actual es que la urbanización donde está
enclavada la vivienda ofrezca seguridad y
vigilancia 24 h., facilidad para el aparcamiento,
instalaciones deportivas (entre las que destacan los
campos de golf) áreas de ocio específicas
para niños, dotación comercial, servicios de
hostelería, etc.
Cuanto más ofrezca la urbanización más valor se
añadirá a la vivienda.
Sin embargo, la vivienda usada construida hace
algunas décadas, puede jugar con ventaja respecto a
la de nueva construcción si lo que se busca es una
ubicación en primera línea de playa
o lo más próxima posible a la playa.
La razón es simple, muchas viviendas que se
construyeron en el pasado ocuparon este suelo en
primera línea y se beneficiaron de unas normativas
urbanísticas bastante laxas y anárquicas.
Actualmente, la evolución de dichas normativas limitando la concesión de
licencias para edificar y la propia saturación del
suelo situado junto al mar, hacen realmente difícil
encontrar vivienda de obra nueva en primera línea de playa, y si
se encuentra, tendrá un precio muy elevado.
Los compradores que exijan esta condición como
imprescindible tendrán que acudir al mercado de
vivienda usada.
No obstante, conviene advertir que, pensando en la
futura reventa de la casa, el grupo más amplio de
compradores potenciales, que son los extranjeros,
no valoran esta cualidad, ya que asocian la
ubicación de la vivienda en primera línea de playa
con agobios, ruidos, difícil aparcamiento,
intranquilidad, falta de seguridad, falta de espacios
abiertos, etc. y prefieren una distancia razonable a
la playa, hasta 30 km, para poder disfrutar de toda clase
de servicios y una cierta exclusividad.
Por todo lo anterior, y a pesar de la diferencia de
precio, se puede concluir que es mucho más
recomendable la vivienda de nueva construcción o con
muy pocos años de antigüedad. Este el tipo de
vivienda vacacional que puede encontrar en las
páginas de
inmoahorro.com.
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